La Iglesia de Santo Quintino, de arquitectura manuelina y renacentista, es considerada uno de los templos más bellos de la región. Rica por su interior lleno de azulejos únicos, la iglesia de Santo Quintino se destaca por su historia y belleza única.
Herencia del reinado del rey Manuel I, la Iglesia de Santo Quintino es una de las iglesias más hermosas de la región. Ordenada para construir en 1520, se supone que la iglesia es una reliquia de un pasado lejano. En el exterior destaca la portada principal, que data de 1530, rodeada por dos pilastras y un frontón triangular, combinando en sí varios elementos decorativos de estilo manuelino y renacentista. Su interior consta de cuatro capillas y tres naves, divididas por columnas. El interior destaca especialmente por su magnífico revestimiento con diferentes paneles de azulejos, que presentan patrones únicos, que van desde el siglo XVI al XVIII. Objeto de varias intervenciones en diferentes momentos, la Iglesia de Santo Quintino fue clasificada como Monumento Nacional en 1910.
Una de las iglesias más antiguas de la región, la iglesia se destaca no solo por el altar y la imagen del santo francés, Santo Quintino, sino también por sus tablas del siglo XV. Sin embargo, la iglesia todavía tiene una reputación única por su diversidad de azulejos, por lo que se considera un verdadero Museo de Azulejos.